‘El mundo y sus demonios’ [Carl Sagan, 1995]

 

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En este libro Sagan nos enseña que la ciencia (no solo el conocimiento sino también el método mismo que se aplica) es un tesoro que la humanidad debe preservar a toda costa, y del que no podemos prescindir si queremos estar preparados para vivir en este mundo de engaños y de “demonios”. Los demonios que menciona Sagan no son monstruos con a alas, cuernos y cola acabada en flecha, pero pueden causar el mismo daño. La ciencia no es solo aquello que hacen los científicos. La ciencia, o mejor dicho el pensamiento científico, es la mejor forma de evitar que otros nos engañen, o de engañarnos a nosotros mismos.

 

Una advertencia sobre mitos, engaños y pseudociencias

En ‘El mundo y sus demonios’ Carl Sagan intenta generar consciencia sobre un tema tan preocupante como desconocido. Aprovechando su popularidad como comunicador de ciencia, Sagan intenta persuadir al lector de la importancia de reconocer las creencias sin fundamento que empapan la cultura, la educación y los medios de comunicación.

Que sirvan como ejemplo de esas ideas las siguientes declaraciones hipotéticas inventadas por mí pero basadas en ejemplos reales, y que seguro muchos reconoceréis. En el libro aparecen ejemplos distintos, pero dado que hace 20 años de su publicación he decidido inventarlas yo mismo para usar casos relacionados con lo que uno puede encontrarse hoy día.

  • Soy una persona mayor que vive sola y a la que le preocupa el futuro de sus hijos/nietos. En televisión he visto un programa en el que una persona aseguraba adivinar el futuro, por medio del tarot, de los espectadores que llamen.
  • Tengo un amigo/a o pariente que asegura haber dejado de fumar gracias a la hipnosis. Por probar no pierdo nada, porque mi adicción al tabaco me preocupa.
  • En YouTube hay un documental en el que aseguran que los alimentos modificados genéticamente o que lleven “químicos” son dañinos. Lo tomaré en serio porque me preocupa mi alimentación.
  • En un blog que siguen miles de personas dicen que las ondas Wi-Fi son malas para la salud. Me preocupa porque en casa y en el trabajo estoy rodeado/a de electrodomésticos que emiten “radiaciones”.
  • En el horóscopo del diario de gran tirada de hoy veo que los de mi signo no son compatibles con los del signo de mi novio/a, y eso me preocupa.
  • Soy un/a adolescente al que le preocupa su aspecto físico. En la sección de ciencia de la librería he encontrado un libro sobre como perder 10 kilos en 3 días. Además se trata del ‘Método X’ que mucha gente dice que le funciona e incluso algún famoso lo usa.
  • En Cuarto Milenio explican muchas historias verídicas con multitud de testimonios sobre espíritus que habitan en casas en las que suceden cosas extrañas. El otro día oí un ruido en casa que no pude explicar y en otra ocasión me pareció reconocer una forma humana poco antes de despertarme. Puede que tenga uno de esos espíritus en casa y eso me preocupa.
  • En Facebook he visto que beber leche de animales es perjudicial, porque los humanos somos los únicos que hacemos tal cosa. Me preocupa no saber si debo dar leche a mis hijos en edad de crecimiento.
  • En la farmacia me recomendaron tomar homeopatía porque estoy embarazada y la homeopatía no produce efectos secundarios. Si lo recomienda un farmacéutico es que funciona, y obviamente mi estado de salud durante el embarazo me preocupa.
  • Me preocupa el resultado de la entrevista de trabajo que hice, en la que me pidieron que escribiera en un papel de mi puño y letra para así conocer rasgos de mi personalidad a través de la grafología.
  • En un debate televisivo sobre las vacunas invitaron a dos personas: una a favor de las vacunas y otra en contra. Por lo tanto deduzco que existe un verdadero debate en la comunidad científica, que está dividida en un 50% sobre la efectividad y el valor de las vacunas. Tengo dudas sobre si debo vacunar a mis hijos, porque su salud me preocupa y no sé que cosas raras les están inyectando.
  • Tengo cáncer y lo médicos aseguran que la única opción es la quimioterapia. Pero un señor que da conferencias en universidades asegura que esa opción es agresiva y peligrosa y que con plantas puedo curarme. Me preocupa que la industria farmacéutica nos esté engañando y envenenando, así que confío en que lo más “natural” siempre es lo mejor.

 

La lista podría continuar y continuar. He señalado en negrita lo que tienen todos estos ejemplos en común. Algunos son más inofensivos que otros (por supuesto los relacionados con la salud son los más preocupantes), pero ninguno es inofensivo por completo, porque son ideas que apelan a lo que todos deseamos tener y nos preocupa: salud y un buen futuro con suerte y fortuna. Sagan señala que estas ideas aparentemente inofensivas (como creer en ovnis, espíritus o en conspiraciones del gobierno) son diferentes formas de autoengaño y una oportunidad para los que quieren aprovecharse de nuestra credulidad y nuestras preocupaciones.

Además, esas ideas fraudulentas a menudo utilizan el atractivo de la ciencia para ganar credibilidad, por ejemplo utilizando un lenguaje científico (homeopatía y grafología suenan a ciencias), o apelando a una autoridad científica (un libro que se vende en la sección de ciencia de la librería o un conferenciante que recibe apoyo de una universidad para sus charlas sobre terapias alternativas). A estas ideas que se disfrazan de ciencia se las conoce como pseudociencias, y por lo demás carecen del mismo rigor científico que cualquier mito o superstición.

 

El arte de detectar camelos

Sagan no solo se limita a apuntar al problema. También ofrece un kit básico de detección de camelos, que no voy a explicar en detalle. En esencia, expone que la mejor herramienta para no dejarse engañar no es tanto el conocimiento científico en sí mismo como el uso de la razón, el escepticismo y el pensamiento crítico, que por supuesto son fundamentales en la ciencia. Ofrece varios ejemplos de falacias lógicas o errores de razonamiento que a menudo dan lugar a falsas creencias. Es especialmente famoso el ejemplo del Dragón en el garaje, en el que expone la importancia de exigir pruebas ante cualquier testimonio extraordinario. Además advierte que en ciencia uno debe estar dispuesto a aceptar nuevas ideas pero al mismo tiempo presentar cierto grado de sano escepticismo. Por tanto es necesario un equilibrio entre no creer todo lo que nos digan y una actitud de mente abierta (para reconocer nuestros errores y aceptar nuevas ideas). Aunque siempre recordando la cita de Richard Feynman mencionada en el libro: “Hay que tener la mente abierta. Pero no tanto como para que se te caiga el cerebro”.

 

La imagen del “cerebrito” y la visión popular de la ciencia

Sagan también dedica algunas páginas a la imagen de la ciencia en la sociedad y a los estereotipos que aparecen a menudo en el cine o la televisión acerca de los científicos. Estos podrían definirse como hombres (raramente mujeres), con graves problemas para relacionarse socialmente, que viven aislados del mundo sin otros intereses que los científicos, y además algo chiflados y con el pelo despeinado. Lo más interesante en mi opinión es la apreciación que hace Sagan sobre esta imagen del científico entre los jóvenes estudiantes. Al menos en los años en los que se escribió el libro, no era algo popular ser el alumno de clase que se interesa por la ciencia y saca buenas notas. Es chocante que, según cuenta, algunos alumnos deciden no sacar las buenas notas que podrían, no porque no sean inteligentes, sino porque su “estatus social” se vería comprometido si se mostrarán como empollones o “nerds” (como antónimo de populares).

Así como otros aspectos negativos mostrados en el libro por desgracia siguen siendo ciertos hoy día, creo que en lo que a la imagen del científico se refiere hemos mejorado algo. Actualmente Sagan estaría contento al ver que una de la series de televisión más populares es Big Bang Theory, centrada enteramente en humor basado en la ciencia y el personajes amantes típicamente “cerebritos”. También le alegraría saber de la recepción tan favorable que ha tenido el remake de su serie documental Cosmos, y que el nuevo anfitrión Neil DeGrasse Tyson consigue llegar a los jóvenes con su mismo carisma y entusiasmo. Muchos jóvenes siguen a científicos en Twitter o Facebook como si éstos fueran estrellas de rock, y ya sea por moda o no, es indudable que ser un empollón hoy día no es sinónimo de ser impopular. Aunque puede que solo sea una moda pasajera, creo que la imagen general de la ciencia se ha visto recompensada positivamente.

 

Un ejemplo reciente de los peligros de las pseudociencias

Tristemente de vez en cuando aparece algún caso que va más allá de la mera anécdota y nos muestra que, en temas de salud, las pseudociencias pueden ser muy peligrosas. Un ejemplo reciente en España de lo peligroso que puede ser creer en algo sin fundamento científico, y más en temas de salud, es el sucedido el pasado 27 de Junio. Un niño de seis años murió enfermo de difteria, una enfermedad desaparecida durante 28 años en mi país. Aunque hubieron otras diez personas portadoras de la bacteria, todas estaban vacunadas y no llegaron a contraer la enfermedad. Los padres del niño fallecido siguieron los consejos de los movimientos antivacunas que desaconsejan la vacunación con argumentos que están totalmente al margen de los hechos, de la ciencia y del sentido común.

¿Qué salió mal? ¿A quién culpar? ¿Dónde buscar responsabilidades? ¿Son los padres los responsables o son víctimas de la desinformación de los grupos antivacunas? ¿Son responsables los medios que dan voz a los antivacunas haciendo creer a la desinformada población de que hay un debate abierto sobre el tema? Son cuestiones importantes sobre las que reflexionar, pero casi no hay duda de dos cosas: la primera es que fue una muerte absurda completamente evitable en este país y este siglo; la segunda es que, victimas o no, los padres no consideraron los fundamentos científicos que defienden el uso de la vacunas. En su lugar se dejaron llevar por argumentos muy diferentes basados en las emociones, las conspiraciones y la irracionalidad de unos cuantos paranoicos. Lo que defiende Sagan en este libro tanto serviría para este tema como para cualquier otro: cualquier decisión meditada e inteligente debería realizarse a la luz de la razón y la ciencia, no de la superstición y el miedo.

 

Aún queda camino por hacer

Como reflexión final me hubiera gustado decir que la cosa ha cambiado mucho desde que se publicó esté libro, y que gracias a Carl Sagan y a otros divulgadores que fomentan el escepticismo en la sociedad se ha logrado crear consciencia sobre los peligros de la creencias irracionales. Por desgracia creo que los mismos mitos y pseudociencias siguen reapareciendo una y otra vez. Siguen existiendo los horóscopos, lo médiums y los curanderos. Incluso siendo pesimista, diré que lejos de desaparecer las viejas ideas aparecen nuevas: ahora tenemos miedo del Wifi, de las estelas de los aviones o de todo lo que sea “químico”, signifique lo que signifique eso.

Precisamente porque aún hay mucho por hacer, este libro sigue siendo importante hoy día a pesar de haber sido escrito hace 20 años. Con él no se pretende que todos nos convirtamos en científicos, sino de considerar que la ciencia puede servir para algo más que para averiguar cómo funciona el universo. Es una valiosa herramienta con la que podemos defendernos en un mundo complejo lleno de engaños, autoengaños y demonios.

 

Valoración: 5/5

Más información: Carl Sagan (Wikipedia) | El mundo y sus demonios (Goodreads)

One comment

  1. Información Bitacoras.com

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