Star Trek TNG: Reunión [4×07]

 

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Sinopsis

 

Fecha estelar: 44246.3.

La embajadora Klingon K’Ehleyr llega al Enterprise para solicitar ayuda a Picard.: el actual líder Klingon está siendo envenenado por uno de los candidatos a ocupar su puesto. Por otro lado, viene acompañada por un pequeño Klingon, que según ella es hijo de Worf. No obstante, Worf no lo reconoce como hijo por miedo a que herede el deshonor que mancha su nombre y el de su familia.

 


Comentarios

 

El espacio exterior es un sitio muy grande. No sé cómo es de grande en campos de fútbol (ya sabéis que si se tiene que explicar lo grande que es algo hay que usar siempre campos de fútbol), pero el caso es que es grande. Grande y vacío. Y aún así, en la inmensidad del espacio, no hay escapatoria para el pasado. El pasado siempre te encuentra, y lo más probable es que sea para contarte malas noticias. Worf, que donde pone el ojo pone el Bat’leth, tuvo un encuentro “romántico” (aunque con los Klingon nunca se sabe) con una medio humana medio Klingon, la embajadora K’Ehleyr, que recordaréis del episodio La emisaria. Ahora su pasado regresa con regalo: un vástago cabezón de arrugada frente llamado Alexander, que no podría ser hijo de otro mas que de Worf.

 

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Donde hubo algo queda

 

Esto de que aparezcan familiares de los personajes principales siempre es un buen recurso para contar historias personales, pero creo que es la primera en la que aparece un hijo “sorpresa”, sin contar a la “hija” de Data en La descendencia. Worf no se toma la noticia muy bien. Pero no lo entendáis mal. A Worf no es que le disguste la idea de tener un hijo por la responsabilidad que conlleva o porque crea que no es suyo. En realidad sus razones son mucho más nobles. Aún sigue estigmatizado por el deshonor, desde que heredó el supuesto pecado de su padre como traidor. Worf asumió los cargos en el episodio Los pecados de padre, aunque solo lo hizo para evitar una guerra interna. Pero la mancha sigue ahí, y como en la cultura Klingon esto del deshonor se hereda, no quiere que su hijo también sufra por la deshonra de pertenecer a su misma sangre.

Por otro lado, si por algo se ha podido hacer famoso Picard en sus travesías interestelares es por mediar en conflictos en lo que la Federación de Planetas Unidos no tendría por qué entrometerse. Pero Picard siempre acaba ahí, haciendo de juez con sus propias leyes y su moral para dirimir los problemas de otros (que en ocasiones ni siquiera piden ser ayudados). El problema esta vez lo tiene los Klingon, y es que su actual líder, K’Mpec, personaje clave para mantener la paz de su pueblo, se esta muriendo. Bueno, para ser exactos, le están envenenando. Así que pensaron: ¿quién mejor que Picard, aunque no sea Klingon, para mediar en el conflicto de los Klingon? Es lo mejor que sabe hacer, entrometerse en problemas ajenos. Y ese es el motivo de la visita de la embajadora K’Ehleyr (además del “regalo sorpresa” para Worf).

 

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Picard interroga a los dos sospechosos de envenenar a K’Mpec

 

Picard debe averiguar cual de los dos aspirantes a sucesor de K’Mpec es también su asesino. A uno de los aspirantes no lo conoce ni su madre Klingon, pero el otro es ni más ni menos que Duras, aquel cuyo padre fue el verdadero traidor en lugar del de Worf, y el culpable de que el deshonor recaiga sobre nuestro Klingon favorito. La pregunta es: ¿será Duras también el asesino de K’Mpec? La investigación llevada a cabo por K’Ehleyr la conduce indudablemente a Duras, pero paga un alto precio por conocer la verdad. Duras, que ya sabíamos que no era trigo limpio, mata a K’Ehleyr, pero un poco antes de morir ésta le comunica a Worf quién es su asesino. Y aunque Duras es el único que puede limpiar su  nombre (y el de su hijo de paso), Worf no duda en llevar a cabo su venganza.

A Picard no le parece muy bien que Worf vaya por ahí matando a gente por venganza. Esa actitud puede ser normal para los Klingon, pero no para las leyes de la Flota Estelar. Aún así lo deja todo en una regañina, como una pegatina con cara triste en el expediente, y a otra cosa. Hablando de caras tristes, el actor que hace de niño Klingon podría estar presenciando la muerte de su propia madre o viendo un partido de beisbol, por su expresividad no podría uno averiguarlo…

 

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La típica cara de cuando se te acaba de morir la madre… o ves la tele

 

Al final, Worf le suelta al niño un “Yo soy tu padre” a lo Darth Vader aceptándolo así como su descendencia, pero todavía con el deshonor a cuestas. Eso sí, al niño lo manda con sus padres adoptivos, por que no veas el coñazo lo difícil que es tenerlo por ahí en el Enterprise incordiando todo el día…

Hasta el próximo episodio.

¡Engage!

 

Fuente de imágenes (¡del Blu ray!): Trek Core


Para otros episodios visita la colección: Star Trek TNG

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