‘La historia del LSD’ [Albert Hofmann, 1979]

 

La_Historia_del_LSD._

 

 

El origen

El químico Albert Hofmann cuenta en este libro cómo descubrió el LSD. Dedica los primeros capítulos al origen químico de esta substancia, y personalmente, aunque me parece interesante por el valor divulgativo, se me hacía un poco denso seguir la pista de tantas sustancias químicas con las que no estoy muy familiarizado. En esencia, sí entendí bien, el cornezuelo del centeno es una especie de hongo del que se extrae el ácido lisérgico, y el LSD es un derivado de este ácido, la Dietilamida del Ácido Lisérgico.

Los siguientes capítulos son más curiosos y seguramente por los que este libro es tan atractivo para los que no experimentamos con drogas. En ellos se describen las experiencias con LSD llevadas a cabo por el propio Hofmann y por otros, una vez se hizo popular esta droga. Como ocurre muchas veces en las ciencias, el descubrimiento ocurrió por accidente. En la primavera de 1943, Hofmann se encontraba en su laboratorio de la farmacéutica Sandoz estudiando un derivado del ácido lisérgico, el LSD-25, cuando comenzó a sentirse extraño. Este es el testimonio:

 

El viernes pasado, 16 de abril de 1943, tuve que interrumpir a media tarde mi trabajo en el laboratorio y marcharme a casa, pues me asaltó una extraña intranquilidad acompañada de una ligera sensación de mareo. En casa me acosté y caí en un estado de embriaguez no desagradable, que se caracterizó por una fantasía sumamente animada. En un estado de semipenumbra y con los ojos cerrados (la luz del día me resultaba desagradablemente chillona) me penetraban sin cesar unas imágenes fantásticas de una plasticidad extraordinaria y con un juego de colores intenso, caleidoscópico. Unas dos horas después este estado desapareció.

 

Más tarde dedujo que la causa debía ser el LSD, pero le extrañó que con la pulcritud con la que trabajaba (ya sabía de la toxicidad del cornezuelo del centeno, del que se extra el ácido lisérgico), pudiera haberse intoxicado. La razón es que con una minúscula gota que absorbió su piel ya fue suficiente, lo que significaba que el LSD debía ser una substancia muy activa en muy poca cantidad. Más adelante, esta vez acompañado de un  ayudante y con una dosis conocida (más alta que la anterior), experimentó de nuevo con el LSD. Tuvo efectos similares a los anteriores, pero más intensos. Se ha convertido en una especie de icono cultural su experiencia al regresar en bicicleta a su casa, después de esta segunda toma de LSD. Incluso se conmemora este momento cada año en el “Día mundial de la bicicleta”.

 

LSD

Dietilamida del Ácido Lisérgico (Fuente)

 

La peligrosidad

Una de las conclusiones a las que llegó después del ensayo, además de la baja dosis necesaria para provocar los efectos, fue que una vez pasadas las alucinaciones no parecía dejar secuelas, sea por ejemplo como una resaca o como la falta de memoria. Podía recordar perfectamente la experiencia, e incluso ser consciente de ella mientras la vivía. Hofmann más tarde apuntaría que quizás los únicos cambios que produce el LSD una vez pasado el efecto fuesen psicológicos, al verse afectado el individuo por las a veces aterradoras sensaciones alucinatorias. Al mismo tiempo comenta que, aunque el LSD pueda no ser peligroso por su toxicidad en pequeñas dosis, lo es por las alucinaciones que produce, cuyos efectos sobre el individuo son impredecibles (accidentes, suicidios…).

De todas formas, como todas las drogas, también existe en el LSD una dosis letal, como se comprobó en la experimentación con animales. El que aparentemente pareciera algo “inofensivo” en pequeñas dosis hizo que se popularizara y  que se experimentara por personas no profesionales de forma privada (e ilegal), en reuniones realizadas con tal propósito. Hofmann advierte de la peligrosidad de estos ensayos “no profesionales”, y describe algunos casos particulares sobre el auge y la investigación científica de esta droga en Estados Unidos.

 

Flipando en colores

Sin duda lo más divertido del libro es la colección de relatos de ensayos llevados a cabo tanto por profesionales como por personas destacadas en campos no científicos. Es llamativo por las experiencias tan dispares y surrealistas que se describen. Me di cuenta de que no siempre es un buen “viaje”, en el sentido de que se produzcan sensaciones agradables. Muchas de las descripciones son bastante agobiantes y de terror o angustia. Experimentar sensaciones agradables o no parece ser una lotería. De entre las personalidades que aparecen me llamó la atención la presencia de Aldous Huxley, que conocía básicamente por su novela ‘Un mundo feliz’. Aunque viendo ahora su obra es evidente que estuvo muy interesado en las drogas y el misticismo religioso.

Al margen del LSD, Hofmann también se adentra en la investigación alrededor del mundo de otras drogas, como las de unas setas o plantas mejicanas, que producen efectos similares a los del LSD. Por supuesto, los nativos creen que se trata de algo sagrado, y que los conectan con las divinidades. Me pareció muy interesante la idea, no sé si del todo confirmada, de que el arte en esas regiones de Méjico está relacionado con las visiones producidas por la droga. Diferentes drogas producen sensaciones y visiones distintas, algunas veces más fluidas y plásticas, otras veces con imágenes geométricas o fractales. Parece que una de estas setas de Méjico producen visiones parecidas a las clásicas figuras geométricas del arte de la región, por lo que este arte podría haber estado influenciado por la seta. Pero Hofmann no parece explicar este hecho con demasiada seguridad, como si se tratara solo de una hipótesis. Aún así me pareció muy interesante: ¿cuánto de la cultura y el arte de esa u otras poblaciones humanas se debe al efecto de una droga particular?   

 

poster_LSD

“El día de la bicicleta “ conmemora el primer trip de LSD de la historia (Fuente)

 

¿La puerta hacia otro mundo?

A lo largo de todo el libro, desde el mismo comienzo, Hofmann utiliza muchas referencias religiosas y espirituales para explicar los efectos del LSD. Casi todos los testimonios de personas que probaron la droga, cuyos ensayos fueron meticulosamente descritos por ellos mismos, utilizan también jerga religiosa. Yo en principio pensaba que quizás cualquiera de los experimentadores que comunicaron sus experiencias a Hofmann realmente creían que habían conectado con algo trascendental o divino, pero que el propio químico solo utilizaba esos términos espirituales por sus limitaciones, como él mismo reconoce, de poder explicarlo mejor con otras palabras. Según cuenta en el libro, la descripción adecuada de las sensaciones se escapa al lenguaje común, y hay que recurrir a uno más poético para poder expresar las experiencias de esta droga psicotrópica.

Aún así me parecía sospechoso que Hofmann insistiera en esos términos, hablando de ‘conexiones con otras realidades’ y cosas por el estilo. Cada vez me resultaba más difícil creer que simplemente se trataran de recursos poéticos, y cada vez estaba más claro que las propias creencias religiosas de Hofmann jugaban un papel fundamental en su interpretación de las vivencias que experimentaba con el LSD. El último capítulo viene a aclarar cualquiera de mis sospechas. Creo que el siguiente fragmento deja bastante clara la influencia de la religión en su vida, y como luego deduciré, también en su trabajo.

 

En el germinar, crecer, florecer, tener frutos, morir y rebrotar de las plantas, en su ligazón con el sol, cuya luz son capaces de transformar bajo la forma de compuestos orgánicos en energía químicamente ligada, de la cual luego se forma todo lo que vive en nuestra tierra… en esta naturaleza de las plantas se revela la misma fuerza vital misteriosa, inagotable, eterna, que nos ha creado también a nosotros y luego nos vuelve a su seno, en el que estamos protegidos y unidos con todo lo viviente.

[…] a través del espíritu de la verdad llegaremos al conocimiento de la creación y con ello al reconocimiento de nuestra unidad con la verdad más profunda y universal, con Dios.

 

Sé que existe una visión aparentemente reconciliadora y “tolerante” sobre la compatibilidad de la ciencia y la religión, según la cual cada una trata de un aspecto distinto de la realidad, en ámbitos que no se superponen. Yo no comparto esa postura. Cada vez que una idea religiosa presupone algo sobre el mundo natural, como la existencia en palabras de Hofmann de una “fuerza vital misteriosa, inagotable, eterna, que nos ha creado”, está entrando en el terreno de las ciencias naturales. Esa fuerza vital o bien existe, o no, sin medias tintas. Y si alguien dice que existe, debe probarlo. 

Hofmann por supuesto sabía esto, porque algo debía saber sobre el funcionamiento de la ciencia para avanzar en sus descubrimientos. Pero tenía algo más: una creencia religiosa particular (probablemente la misma que la de sus padres). Nunca dejará de sorprenderme que una persona con educación científica, y además eminente en su campo, como el químico Albert Hofmann, pueda conciliar la forma de razonar que utiliza dentro del laboratorio (exigiendo  pruebas, descartando hipótesis, cuestionándoselo todo…) con la que utiliza para hablar de Dios.

 

visions_of_the_new_humanity_by_gerardogomez-d4i8neb

Las experiencias con LSD a menudo tiene un fuerte componente espiritual (Fuente)

 

Hofmann CREÍA, así en mayúsculas, sin matices ni interpretaciones poéticas, que el LSD era una forma de sintonizar el cerebro para hacerlo sensible a otras realidades. Así lo expresa en el último capítulo:

 

Lo más importante fue para mí el reconocimiento, confirmado por todos mis experimentos con LSD, que lo que de común se denomina «realidad», incluida la realidad de la propia persona, de ningún modo es algo fijo, sino algo de múltiple significación, y que no existe una realidad, sino varias; cada una de ellas encierra una distinta conciencia del yo.

 

Le propongo al lector otra visión filosófica de los experimentos con LSD. Según esta visión diferente a la de Hofmann, solo existe una realidad objetiva, a la que se tiene acceso con más o menos fortuna a través de los sentidos, y sobre la que se crean teorías que explican esa realidad lo mejor posible. La Luna está en el cielo aunque no haya nadie mirándola, y si alguien está ebrio y ve dos Lunas, no es una prueba de la existencia de dos realidades. Por tanto la existencia de dos Lunas no es alguna nueva “realidad” a la que se ha accedido gracias al alcohol.

Una explicación más simple a la del relativismo de Hofmann es que la embriaguez, o el consumo de LSD, altera la forma en que nuestro cerebro interpreta el mundo. ¿Podemos afirmar que estamos experimentando otra faceta del mundo, oculta para los cerebros no alterados, como propone Hofmann? ¿No es más sencillo suponer que el cerebro puede “funcionar mal” si se le altera con psicotrópicos, y por tanto las “medidas” que se efectúen con él no son de fiar, como una cámara de fotos desenfocada?

Sé que estas cuestiones entran más en la filosofía del conocimiento que en las ciencias naturales. Pero todas las teorías de la Física o la Química presuponen que hay principios independientes de los observadores, y por tanto una única realidad objetiva (más o menos alcanzable). Si nadie es capaz de distinguir entre esas dos explicaciones de las experiencias (la sintonía del cerebro a otras realidades vs. un funcionamiento “erróneo” del cerebro), creo que lo más coherente con la ciencia moderna es escoger la segunda explicación.

 

No hay que ser un iniciado en las ciencias químicas para leer y disfrutar de este libro, porque como ya he comentado, lo más atractivo (al menos para mí) son los testimonios de los ensayos con LSD, y las surrealistas visiones y sensaciones que experimentan. Al margen de esto, el libro cumple su cometido de divulgar e introducir al lector en el origen de la droga con todo detalle, lo que puede resultar algo pesado si la farmacología no es tu pasión, como es mi caso. Además este último capítulo en el que Hofmann pone de relieve una visión de las experiencias algo fuera de la ciencia moderna es un poco desconcertante.

 

 

Valoración: 3/5

Más información: Albert Hofmann | La historia del LSD (Goodreads) | EPUB

2 comentarios

  1. Información Bitacoras.com

    Valora en Bitacoras.com:       El origen El químico Albert Hofmann cuenta en este libro cómo descubrió el LSD. Dedica los primeros capítulos al origen químico de esta substancia, y personalmente, aunque me parece interesante por el valor divulgativo,..…

  2. […] mencionar dos entradas que quedan sin clasificar en los apartados anteriores. Una es la crítica de ‘La historia del LSD’ [Albert Hofmann, 1979]. La otra es una entrada sobre la experiencia personal de haber estado en una rueda de […]

¿Qué te parece?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: