El defensor del lector de La Vanguardia sobre el rigor científico en ‘La Contra’

 

La Vanguardia dedica su contraportada a la sección de entrevistas ‘La Contra’, muy popular por su posición (no hay que abrir en engorroso periódico cuando vas en metro para ir leyendo algo, por ejemplo), pero que a menudo se caracteriza por un contenido muy “alternativo” en lo que se refiere a su rigurosidad científica. A muchísima gente, entre los que yo me encuentro, concienciados por la imagen distorsionada de la ciencia que a veces se muestra en los medios (y que tiene peores consecuencias de lo que pueda parecer), nos preocupa la difusión de la pseudociencia que hacen en esa sección. Cuando dediqué una entrada en este mismo blog a esa preocupación, me sorprendió que no hubiera más movimiento en la red sobre este tema (o yo no supe encontrarlo). En las webs dedicadas al escepticismo y el pensamiento crítico (lógicamente también preocupados por la difusión de la pseudociencia), sí se había hecho alguna que otra referencia, después de mucho buscar. En parte por eso escribí la entrada, para que hubiera más referencias a esa situación en la red (aunque este blog es muy humilde en sus visitas).

 

 

La petición de Change.org

 

Hace unas semanas, la Associació Catalana de Comunicació Científica(ACCC), la Asociación Española de Comunicación Científica (AECC) y la Sociedad por el Avance del Pensamiento Crítico (ARP-SAPC) publicaron en el conocido sitio de peticiones Change.org una carta abierta dirigida al defensor del lector de La Vanguardia, Josep Rovirosa. En la carta (que puede leerse aquí), se exponía la preocupación que comentaba antes sobre la rigurosidad científica en dicho periódico. En el momento de escribir esto, ya se han superado las 1.000 firmas, por lo que realmente hay mucha gente preocupada por este tema.

En la carta se expresa de forma impecable que, a pesar de que el contenido del periódico es por supuesto libre, debe haber un mínimo rigor científico y que “la relevancia, calidad y fiabilidad científicas son criterios irrenunciables”. Además mencionan la contradictoria situación de ese periódico, por un lado galardonado con un premio a la divulgación científica, y por otro con una sección que parece un oasis periodístico, en el que el rigor científico no resulta ser tan primordial como en las páginas centrales. Además, destacan que la preocupación no viene tanto por la calidad de la comunicación científica en si, bastante pobre en La Contra, si no sobre todo por el daño potencial que producen ciertas ideas (en particular las relacionadas con la salud), con el beneficio de los entrevistados protagonistas que no requieren de mayores credenciales que haber tenido éxito en sus respectivas pseudociencias o ideas alternativas.

 

 

La respuesta del defensor del lector

 

Poco después pude leer la respuesta de Josep Rovirosa a la carta, publicada en la web del ACCC y que puede leerse aquí [PDF]. Voy a comentar solo lo que me parece más destacable de la respuesta, pero invito al lector a que lea las dos cartas íntegras en los enlaces que he compartido. Lógicamente aparecen los clásicos agradecimientos por la preocupación mostrada y el compromiso a mejorar, que no dudo que sean sinceros. Pero vayamos a lo importante. Se hace eco de la opinión de los periodistas encargados de La Contra sobre sus entrevistados:

 

…algunos de los personajes entrevistados en esta sección “lo son porque defienden posiciones singulares, aportan puntos de vista que ayudan a estimular ciertos debates y desafían muchas convenciones"

 

Plantear debates abiertos en los que se expongan nuevas ideas, sobre todo si son poco convencionales, es algo sano y positivo para el avance científico. No creo que los que hemos firmado la petición anterior pensemos lo contrario. La ciencia precisamente avanza gracias a los que proponen ideas nuevas y desafían las existentes. Pero no podemos dejar pasar varios detalles por alto, que quizás no son importantes en otras disciplinas, pero son primordiales en la ciencia:

 

 Hay temas que prácticamente ya no admiten discusión. Decir que la Tierra es plana cumpliría con los criterios expresados arriba: sería algo singular, estimulante (quizás para algunos), y desafiaría muchas convenciones. Pero donde se establece el debate científico realmente estimulante (y útil) suele ser en los márgenes del avance de una ciencia, allí donde aún no se ha escrito/experimentado lo suficiente. No en aquellos temas que de entrada no tienen validez científica, como proponer una Tierra plana, por ejemplo. La Contra ha publicado entrevistas a personajes que supuestamente presentan una idea alternativa igualmente válida en un cierto campo, cuando realmente no tienen notoriedad en ningún medio científico serio, y sobre todo no tienen base científica. Cuando se entrevista a alguien que defiende la homeopatía, por ejemplo, se están mostrando afirmaciones sobre la naturaleza (el funcionamiento del cuerpo, el comportamiento del agua…) como si existiera realmente un debate científico al respecto, cuando de hecho no lo hay. Los principios de la homeopatía tienen el mismo fundamento que la idea de una Tierra plana, es decir, completamente inconsistentes con la ciencia moderna. Aún así, esas ideas han merecido más de un espacio en ‘La Contra’.  

 

– No cualquier idea está en condiciones de participar en el debate científico. Es completamente irrelevante que la idea sea atractiva, o que tenga éxito, o que el que la proponga sea famoso, o guapo, o divertido, o haya ganado un premio Nobel en cualquier otro campo… En cambio sí es importante que tenga una cierta base, como estudios independientes que la apoyen, o referencias en revistas científicas, por ejemplo. También es importante que sea consistente (no se derrumbe a sí misma y respete la lógica) y coherente con el resto de ciencias. Podríamos pensar que La Contra ya no sería lo mismo con esas condiciones, pero en mi opinión, éstas no menguan su carácter alternativo, o poco convencional, o estimulante, ni mucho menos. Y ese era el perfil de las ideas de La Contra, según sus autores. Además de difundir ideas científicamente interesantes, estarían dentro de un debate científico realmente útil, divulgativo, y valioso para el lector. Y lo más importante, no se estaría dando una imagen errónea y distorsionada del avance científico, que para colmo, sirve para beneficiar económicamente al charlatán de turno. 

Por lo tanto, puede respetarse el rigor científico y al mismo tiempo mostrar ideas poco convencionales en campos donde realmente haya un debate abierto, normalmente referente a los márgenes de la investigación científica.

 

 

Si no es divulgación, el rigor no importa

 

Si avanzamos un poco más en la carta, vemos que al Sr. Rovirosa le preocupa que se tengan en cuenta el rigor científico a partir de secciones…

 

…cuyo interés principal no es la divulgación del conocimiento científico sino acercar a los lectores la singularidad de ciertos personajes que, muchas veces, acaban de publicar su último libros –a menudo de gran lectura– en una editorial de nuestro país.

 

Esa parte me ha dejado particularmente sorprendido. Creía que el rigor científico no era cosa solo de algunas secciones, al igual que no lo son la correcta ortografía o la ética. Me imagino cómo sería el mismo argumento en una sección en la que se cometieran múltiples faltas de ortografía, por ejemplo. Como la intención de dicha sección no sería la de enseñar lenguaje, según el argumento del Sr. Rovirosa, no habría problema. Obviamente eso es ridículo. La gramática o la ortografía, la ética periodística y el rigor científico deberían ser condiciones necesarias en todo texto periodístico y completamente independientes de la intención del contenido. En cambio, ‘La Contra’ parece ser un pequeño oasis en el que la rigurosidad científica es irrelevante, aunque pueda no serlo en las páginas centrales. Dejo al lector el ejercicio mental de imaginar lo ridículo que sería ese mismo “oasis” para el rigor en cualquier otro ámbito, cómo la ética o la ortografía.

 

 

Si le engañan, no mate al mensajero

 

Sigamos con la respuesta, para finalizar, por que lo que llega ahora es el quid de la cuestión, como suele decirse:

 

Desde La Vanguardia entendemos que la mayoría de los lectores tienen suficiente criterio para discernir entre aquello que el mundo académico ha evaluado como propio del conocimiento científico y las opiniones manifestadas por otros personajes, que, por diferentes motivos, han hecho oír su voz a través de libros u otros medios de comunicación. Entendemos que estos últimos también pueden tener su resonancia en las páginas del diario.

 

No sé si conscientemente o no, ha dado de pleno en el problema. Envidio de veras el optimismo del Sr. Rovirosa al considerar que la mayoría de los lectores pueden separar correctamente el conocimiento científico del más alto nivel (respecto al cual la mayoría no estamos formados académicamente) de cualquier propuesta aparentemente científica pero fraudulenta. Quizás no sepa que la gran baza de la pseudociencia es el camuflaje, capaz de disfrazar con palabrería científica cualquier cosa con tal de darle notoriedad. Esa es precisamente su firma, y funciona bien, porque siempre consigue colarse en medios de comunicación que en principio respetan la rigurosidad científica, como La Vanguardia.

Para el lector medio (que yo considero, en general, inexperto en muchos temas científicos) no resulta tan fácil distinguir una mera opinión sin base científica (pero con su oportuno camuflaje, no lo olvidemos) de un verdadero avance que está a la vanguardia de la ciencia. El principal motivo de esto (aparte del camuflaje que usa la pseudociencia para aparentar ser algo serio) es que el protagonista de ‘La Contra’ siempre se va a vender como algo respetable científicamente. Y normalmente no parece haber una opinión crítica por parte del entrevistador. Eso, según Rovirosa, es completamente responsabilidad del lector.

Estoy de acuerdo con que debería fomentarse el pensamiento crítico entre los lectores. Que cuando lean ‘La Contra’, piensen sobre si lo que leen tiene validez científica o no. ¿No es tarea del entrevistador ser el primer filtro? ¿No es su tarea poner el dedo en la llaga, hacer preguntas y ser el primero en poner afirmaciones extraordinarias en duda? Yo creo que se trata de hacer periodismo, sea la sección que sea. Y si el periodismo tiene como máxima acercar al lector a la verdad lo mejor posible, me cuesta mucho imaginar cómo puede hacerse sin rigurosidad científica.

¡Ah!, pero entonces perderíamos el carácter distendido y despreocupado de La Contra. Ese carácter que tiene como precio poner el interruptor de rigurosidad científica de los periodistas en OFF, que permite dar voz y ceder espacio a charlatanes y timadores. Un precio para mí demasiado alto solo por querer mostrar algo diferente. La ciencia, a mí y seguro que ha muchos lo que firmaron la petición, ya nos resulta lo suficiente fascinante y emocionante (incluidas las voces discordantes y alternativas, que las hay y debe estar) sin los que quieren aprovecharse engañando a la gente sin seguir las reglas del juego. No se trata de aprender ciencia leyendo la vanguardia, sino de que ésta no contribuya a la ya deteriorada imagen general de la ciencia en el público profano en la materia

 

6 comentarios

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com:   La Vanguardia dedica su contraportada a la sección de entrevistas ‘La Contra’, muy popular por su posición (no hay que abrir en engorroso periódico cuando vas en metro para ir leyendo algo, por ejemplo), pero que a menudo s…..

  2. Telefunken Modelo 6000 · · Responder

    De acuerdo con casi todo lo expuesto.
    Sólo un comentario totalmente off-topic y porque abusas de su uso: “sobre todo” se escribe separado. Un “sobretodo” es una prenda de abrigo ;-)

    1. Hostia, pues gracias, me parece que siempre lo escribo así. Qué burro ;)

  3. Telefunken Modelo 6000 · · Responder

    Y de paso, capón para mí por redundante (“abusas de su uso”): CLONK.

    Volviendo al tema del post, es verdad que no se debe dar publicidad a charlatanes y pseudociencias, pero el lector también debería poner algo su parte, algo de mirada crítica por su parte nunca está de más. Y lo que vale para este tipo de artículo, vale para el día a día de los telediarios, me temo.

  4. Hartodetonterias · · Responder

    No sé de qué os extrañáis.No entiendo por qué pretendéis que la prensa, los periodistas, sean rigurosos. Tal vez no habéis oido a periodistas deportivos ,-y no deportivos,también-, camuflar su tendencia al sesgo deportivo, o político, con esa famosa aberración que dice que “la objetividad no existe”, y que el periodista “en tanto que sujeto, solo puede ser subjetivo”. Hay un famoso periodista deportivo bisojo que cuando dice que “la objetividad no existe”, añade que “eso lo enseñan en la facultad”. No he estudiado periodismo, pero espero que no sea así, básicamente porque es mentira, y porque demuestra un desconocimiento supino de los conceptos filosóficos de objeto y sujeto.
    Si los periodistas que oimos,vemos y leemos, son los primeros que, a la orden de quien les paga, nos dicen que todo es según el color del cristal con que se mira.¿Cómo podemos extrañarnos de que el agua tenga memoria?

  5. […] – El defensor del lector de La Vanguardia sobre el rigor científico en ‘La Contra’  […]

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