‘Yo, Robot’ [Asimov, 1950] (Parte I)

 

Yo-robot

 


LAS TRES LEYES DE LA ROBÓTICA

1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.

2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes están en oposición con la Primera Ley.

3. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no esté en conflicto con la Primera o Segunda Ley.

Manual de Robótica 56.a edición, año 2058

 

En mi reciente repaso por la literatura más “de la vieja escuela” de la ciencia ficción no podía faltar esta recopilación de relatos de Asimov sobre robots (no todos los que escribió). Como los relatos se publicaron independientemente en un principio, en general las historias son bastante inconexas, pero en la recopilación hay un cierto hilo conductor centrado en el personaje de la robopsicóloga Susan Calvin y en la aparición de los primeros robots con cerebro positrónico en el universo de la Saga de la Fundación. Este libro pertenece a la Serie de los Robots de dicha saga. Las otras series son la del Imperio Galáctico y la de la Fundación (cuya trilogía ya apareció en este blog).

Esta entrada comienza con las que seguramente sean las leyes más famosas de la ciencia ficción. En mi opinión, una buena forma de medir la calidad de la ciencia ficción (o uno de los factores a tener en cuenta) es el rendimiento que se le saque a las premisas o excepciones extraordinarias (esas ideas que son ciertas en el universo ficticio pero son fantásticas o extraordinarias en el real). Cuanto más sencillas sean esas premisas, y a la vez más historias interesantes puedan plantearse a partir de ellas, mayor es el rendimiento se les saca. Las historias de Yo, Robot son un ejemplo perfecto de cómo a simple idea (que los robots deban obedecer tres sencillas leyes) se le puede sacar mucho provecho. Aunque para hacerlo hay que tener la imaginación de Isaac Asimov.  

Aparentemente las Leyes de la Robótica están definidas de una forma impecable, que no da lugar a libres interpretaciones, y que garantizan la seguridad de los humanos bajo cualquier circunstancia imaginable. Aunque quizás solo sea cierto para las circunstancias imaginables para la mayoría. La colección de relatos es, en esencia, una colección de problemas que pueden aparecen con el desarrollo de robots inteligentes, a pesar incluso del uso de esas tres leyes en apariencia infalibles. Parece un ejercicio de autocrítica por parte de Asimov, en el que mismo creador de las leyes las pone a prueba más severamente que nadie.  

Dada la naturaleza inconexa de este libro, voy a comentar por separado lo que me parece interesante de cada uno de los nueve relatos que componen la obra, fijándome sobretodo en el uso de las tres leyes, pero también en otros aspectos que me han parecido interesantes.   

 

“Robbie”

La primera historia está ambientada en 1996, casi 50 años después de escribirla Asimov, y creo que era bastante optimista con el avance de la inteligencia artificial. De momento, aunque vamos avanzando, todavía no hemos llegado a nada parecido a un cerebro positrónico que yo sepa. De todos modos quizás no estemos tan lejos para tener un robot como el de esta historia, con algún tipo de “inteligencia”, que le permita, por ejemplo, hacer de niñera.

Y esa es precisamente la función del robot RB (pronunciado Robbie) de este relato. Entre la niña y el robot que la cuida y juega con ella se establece una relación de amistad muy tierna, pero a causa de los prejuicios contra los robots, los padres deciden deshacerse de Robbie. En la recuperación del robot, la Primera Ley es determinante. Como un robot siempre debe impedir que un humano sufra daño por su inacción, eso equivale a salvar a cualquier humano en peligro. Robbie salva a la niña de la muerte, lo que le hacer merecedor de regresar con su amiga humana.

En este caso no hay ninguna violación de las leyes. Es simplemente una tierna demostración de la aplicación de la Primera Ley.

 

Enjoy_the_ride_by_pansejra

“Enjoy de ride” (by pansejra- DeviantArt)

 

“Círculo vicioso”

En esta historia avanzamos un poco más en el tiempo, hasta principios del siglo XXI. Aquí Asimov también acaba siendo optimista, esta vez con la exploración espacial. Desde que escribiera estos cuentos, le esperarían muchas sorpresas, como la llegada del hombre a la Luna. Pero de momento ningún ser humano a podido poner un pie en algún otro astro.

Esta historia transcurre en Mercurio, en el 2015. En ese planeta se han establecido minas de selenio, y para trabajar en ellas se utilizan, como no, robots. Pero cuando Powell y Donovan son enviados allí descubren que la instalación minera apenas tiene energía, y el selenio es necesario para generarla. El problema es que el robot encargado de extraer el selenio (SPD-13 o ‘Speedy’), no regresa del pozo, así que salen a la superficie para investigar. Entonces encuentran a Speedy “orbitando” alrededor del pozo, y con una actitud extraña. Lo que sucede es que entran en conflicto dos leyes, la segunda y la tercera. La orden de extraer selenio debe ser obedecida (segunda ley) pero haciéndolo pone en riesgo su seguridad, algo que no estaba previsto, y ha de protegerse (tercera ley).

En realidad si se respetan las leyes a rajatabla, no debería haber ningún problema, puesto que la segunda ley siempre es primordial a la tercera. Es decir, un robot debe obedecer una orden aunque ello implique ponerse en riesgo a si mismo. Aquí lo que hace Asimov es imaginarse un robot al que se le haya fortalecido la tercera ley, haciendo incluso que pueda ser más importante que la segunda, según el nivel de peligro. Es como si se cambiara el orden de preferencia entre la segunda y la tercera ley continuamente, y de ahí la “orbita” alrededor del pozo, ya que ni se acerca ni se aleja de él. Por suerte está la Primera Ley, que es preferente a las otras dos, y es la que al final soluciona el problema. Si un humano está en peligro, no importan las ordenes recibidas ni la propia seguridad del robot.

Un efecto curioso de la fortaleza de la primera ley es que, incluso si un humano ordena a un robot que no le salve (pongamos que sea un suicida y no quiera ser salvado), el robot antepondrá la vida del humano a la orden directa. Una idea, por cierto, que no sé si se ha explotado en estos relatos. Ahí la dejo para el que tenga más capacidad literaria que yo.  

 

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“Speedy” (by ziot1 – DeviantArt)

 

“Razón”

Los robots ideados por Asimov son inteligentes. Eso quiere decir, se supone que como algo positivo, que son tan inteligentes como los humanos, o más. ¿Podrían los robots entonces, como hemos hecho los humanos, desarrollar una filosofía? O incluso, ¿una religión?

Ese es el tema central de esta historia, en la que los protagonistas de la anterior (Powell y Donovan) viajan a una estación espacial en la que trabajan robots en grupo. El robot “líder” se cuestiona el mundo que le rodea, como haría un filósofo. De hecho pone en duda la existencia de la Tierra y las estrellas, así como del resto de humanos, puesto que no tiene pruebas suficientes de que existan. Incluso llega a conclusiones propias del racionalismo de Descartes como la seguridad, al menos, de la existencia de su “yo” pensante. El grupo de robots obedece al líder, y el líder obedece una fe ciega en el ordenador de la estación. Esto en principio plantea un problema para los humanos porque los robots solo parecen trabajar para ellos mismos y su religión. Pero resulta que esa fe es una forma positiva de mantener a los robots trabajando con un objetivo conjunto y, desde el punto de vista de los seguidores, sin ningún cuestionamiento.

El uso de la religión en robots me parece muy interesante y muy poco explotado, al menos yo no conozco muchas historias sobre el tema. Si alguien conoce literatura de ciencia ficción en la que se aborde este tema, me interesaría conocerla. Que yo sepa, los ejemplos más claros de religión robótica es el planteamiento nuevo que se le dio a Galáctica en el remake, pero más aún si cabe el de la precuela Caprica

Es una cuestión interesante que, por un lado, seguramente todos querríamos unos robots los más humanos posible, pero por otro no querríamos que las religiones en esos robots mostraran su peor cara de irracionalidad y superstición que sabemos que tienen. 

 

“Atrápame esta liebre”

De nuevo esta historia la protagonizan Donovan y Powell, ya famosos por resolver problemas con robots defectuosos. Esta vez viajan a un asteroide en el que se realizan trabajos de excavación. Hay un robot principal DV-5 (Dave), que trabaja de forma coordinada con otros seis robots. Dave tiene la capacidad de iniciativa, es decir, de imaginar órdenes para sus “dedos”, que es el nombre que reciben sus 6 robots subordinados.

Algo va mal en los robots porque no producen nada de mineral, pero cuando se los observa no tienen un comportamiento extraño. En cambio, en una ocasión ven como realizan una especie de formación militar en lugar de trabajar. Más tarde descubren que siempre que hay un peligro inminente, Dave reúne a los “dedos”, así que Donovan y Powell deciden provocar un derrumbamiento a propósito para ver más de cerca la orden emitida por Dave y el comportamiento de los robots.  Entonces descubren que Dave no puede atender a otros propósitos si tiene que controlar a la vez a los 6 robots, como si estuviera sobrecargado psicológicamente. Eliminando a uno de los robots “dedos”, solucionan el problema.

En esta historia se plantea un problema con la psicología del robot. Si los robots tienen un cerebro complejo, es de esperar que sufran de los mismos problemas complejos que sufrimos los humanos psicológicamente. Yo sinceramente no he encontrado una explicación mejor al problema de Dave que la de una especie de estrés o bloqueo psicológico, como el que tendría una persona que no puede hacerse cargo de todo su trabajo. Un poco rebuscado el problema en esta ocasión, pero quizás hayan otras interpretaciones que a mí se me escapen.

 

Como los cometarios de cada relato han acabado dejando un post un poco largo, he dividido la entrada en dos. En la segunda parte comentaré los otros cinco relatos.

 

 

Más información: Yo, Robot | I. Asimov

4 comentarios

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com:     LAS TRES LEYES DE LA ROBÓTICA 1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño. 2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando esta…..

  2. […] Paso a comentar el resto de los relatos sobre robots de I. Asimov. La primera parte con los primeros 4 relatos se encuentra en este enlace. […]

  3. solo eso era atrapame esta liebre

  4. […] prueba las leyes de la robótica es algo que su mismo creador Asimov se propuso con los relatos de Yo Robot. En esta novela vuelve a desafiar la solidez de estas tres normas, usando como excusa el asesinato […]

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