Lo que me toca los chakras de la medicina alternativa

 

La falta de educación en ciencia puede resultar llamativa, y hasta cierto punto vergonzosa, en una sociedad rodeada de ciencia y con más facilidad que nunca para aprender y acceder a la (buena y mucha veces mala) información que queramos. En la mayoría de las ramas de las ciencias naturales, que uno no sea competente (por decirlo suavemente) no acarrea mayores problemas (siempre que tu trabajo no dependa de ese conocimiento, claro). Lo peor que puede pasarte en ese caso es que no des ni una con las preguntas verdes del Trivial Pursuit (no es que sean pornográficas, es que es el color de la categoría ‘Ciencia y Naturaleza’). Como mucho, que seas ignorante respecto a ciertos temas científicos solo te acarreará que te vayas “engañado” a la tumba (sabiendo lo mismo de ciencia que alguien nacido siglos atrás). Es una elección personal, y entiendo que cada uno emplee su tiempo en aprender (o no) lo que quiera, aunque considero un desperdicio no aprovechar que se vive en el siglo XXI, para lo bueno y para lo malo. ¡Lo que hubieran dado tantos en el pasado por aprender lo que nosotros ahora sí podemos, y a lo que tan poca atención prestamos! 

Como decía antes de desvariar, ser ignorante respecto a ciertos temas científicos seguramente no le quita el sueño a mucha gente, pero hay un tema que sí preocupa, y con razón: la salud. Tres cosas hay en la vida, dicen, y si esa está la primera, por algo será. La falta de conocimiento científico (y de un cierto escepticismo ante los tratamientos y curas milagrosas) en temas de salud tiene mayores y más importantes consecuencias que las de perder al Trivial. No estoy quitándole importancia a aprender el resto de ciencias, pero la difusión de mala ciencia en temas médicos es potencialmente mucho más peligrosa que no saber cómo se forman las estrellas, por ejemplo. Casos preocupantes de esa mala ciencia a la que me refiero son el movimiento anti-vacunas o las diferentes variantes del negacionismo del sida (si es la primera vez que oyen hablar de estas cosas, quizás piensen que me lo estoy inventando, pero por desgracia es tan irracional y peligroso como parece).

No obstante, no hace falta poner ejemplos tan descaradamente peligrosos. Hay muchos otros casos aparentemente menos dañinos pero con una gran difusión y con la misma falta de credibilidad ni base científica: las terapias o medicinas alternativas. Estas a menudo están basadas en supuestas propiedades del cuerpo que no se han podido probar, o de cuya eficacia no se ha demostrado mejor que la de un placebo. Invito al lector a que observe estas dos imágenes, que son las dos caras de la clase de propaganda que recibo de vez en cuando en mi buzón (he tapado los datos del local para no hacer publicidad):

 

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Como he comentado en otras ocasiones, una persona adulta tiene toda la libertad de decidir en qué tonterías pseudocientíficas se gasta el dinero, pero si hablamos de niños pequeños con problemas del ámbito de la psicología, entonces ya es algo más grave. Pueden haber padres preocupados por algunos de los problemas que aparecen en la propaganda y que padezcan sus hijos. Son problemas complejos, y que pueden requerir la ayuda de un psicólogo, es decir, ayuda profesional. La ignorancia científica en temas de salud, como decía la principio, tiene consecuencias. Puede llevar a creer a un padre o una madre que los problemas psicológicos de su hijo son causa de algún desequilibrio energético, y un masajito es justo lo que necesita por no menos de 100 €.

Me toca especialmente los ‘chakras’, si me permiten el chiste, que existan centros que se aprovechen de esa preocupación paternal ofreciendo lucrativas soluciones que no solucionan nada. Sugerir que la acupuntura, las flores de Bach o el reiki pueden tratar problemas como el insomnio, las fobias o los “desordenes emocionales” es casi denunciable. A cualquier psicólogo, con sus años de estudio de esas patologías, esta clase de “competencia” le debe parecer indignante, o a mí me lo parecería.

Este ejemplo de terapias dirigida a niños es detestable, pero no es lo peor que he visto. Lo peor sin duda, y con diferencia, son los tratamientos indicados a personas con enfermedades raras. Si lo de antes me parecía casi denunciable, esto me parece denunciable del todo. Como seguro sabrán, las enfermedades raras son aquellas que no afectan a un gran número de personas, y que por lo tanto no existen investigaciones para tratarlas porque no se invierte en ellas. El sufrimiento de los afectados por estas enfermedades y sus familiares es indescriptible. Imaginad que solo un puñado de personas en el planeta compartan vuestra enfermedad, y que, como puede ocurrir, sea degenerativa y probablemente la causa de vuestra muerte. ¿No se agarraría usted a un clavo ardiendo, buscando una solución? Sería lo más natural. Entonces ¿considera moral que se insinúe algún tipo de tratamiento para ese tipo de enfermedades, aprovechándose así de la desesperación ajena? La respuesta, si no es usted una especie de monstruo, es obvia.

La solución a esto es, como siempre, aprender más y mejor ciencia, y tener una actitud escéptica frente a los que quieren aprovecharse del sufrimiento ajeno ofreciendo soluciones mágicas y extraordinarias a casi cualquier problema, incluidos psicológicos, y por si fuera poco detestable, dirigido a las personas con problemas realmente graves como las enfermedades raras.

 

2 comentarios

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com:   La falta de educación en ciencia puede resultar llamativa, y hasta cierto punto vergonzosa, en una sociedad rodeada de ciencia y con más facilidad que nunca para aprender y acceder a la (buena y mucha veces mala) informació…..

  2. […] cantidad de centros donde se practica algún tipo de terapia alternativa muy cerca de mi casa; y ‘Lo que me toca los chakras de la medicina alternativa’ por otro lado, donde me pongo “un poco más serio” por el uso que se algunos hacen de la […]

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