Guía para un escéptico (IV)

 

   Esta es la cuarta de las entradas dedicadas al pensamiento escéptico, y en particular a las reglas aplicables ante afirmaciones sospechosas de ser ciertas. Recuerdo que el escepticismo no consiste en ser incrédulo respecto a todo, si no en creer en algo solo con las razones (pruebas) suficientes. Es una forma de ser “precavidos” y no considerar como ciertas (o buenas candidatas a ser ciertas) afirmaciones que quizás podemos descartar como buenas en un principio. Recuerdo también que estas reglas han sido extraídas de un artículo publicado en el Skeptical Inquirer en 1990 y escrito por James W. Lett. Hasta ahora he comentado en que consisten y por qué son necesarias la falsabilidad, la lógica, la exhaustividad y la honestidad.

  En esta entrada le toca el turno a la reproducibilidad, pero antes de comenzar quiero poner un par de ejemplos más sobre la exhaustividad. Ya advertí en la entrada correspondiente a esa regla, que era de la se me presentan ejemplos más a menudo (para ser exactos, los ejemplos con los que me encuentro son de falta de exhaustividad).

   Uno es el que yo llamo: el del predicador. Voy a explicar este ejemplo con un testimonio personal. Volviendo de la universidad en autobús, se me sienta un hombre al lado y empieza a contarme su vida. Yo, por cortesía, asentía con la cabeza esperando que no durara mucho la cosa. El caso es que la conversación (o el monólogo) se fue desviando de manera exagerada, y por otro lado predecible, a un tono cada vez más religioso. Evidentemente es lo que pensáis, era de no-se-qué iglesia y estaba a la “caza” de jóvenes que no saben que hacer con su vida (aunque obviamente no se presentó así). ¡Que mala suerte tuvo el hombre, que le fue a hablar al tipo probablemente más escéptico de todo el bus! Bueno, aparte de explicarme todo lo que quiso, me recomendó leer la Biblia y entrar en no-se-dónde sitio web y me aseguró que lo probara a ver que tal, que me podía cambiar la vida. Yo le dije que no se molestara, que no lo haría y que aunque lo hiciera no creía que mi vida cambiara demasiado por ello. Me dijo que otras personas lo habían hecho y les había funcionado, que conocía a gente que estaba muy mal y a la que él logró “salvar”. Fue a raíz de eso, pensando sobre lo que había dicho, que detecté otro ejemplo de falta de exhaustividad. Supongamos que ese hombre “aborda” a jóvenes en autobuses con una media de 1 o 2 al día. Pongamos por ejemplo, siendo conservadores, que fuesen unos 7 a la semana y 30 al mes , más o menos. Según me dijo, llevaba haciendo esto mucho tiempo, aunque no se si siempre con el mismo método. Podemos pensar que durante toda su “carrera” a podido llegar a conversar con más de un centenar de personas, con la intención expresa de que lean la Biblia y luego les digan: ¡qué bien me ha ido, me ha cambiado la vida! Él me puso un par de ejemplos de esa “influencia” que tuvo en algunas personas, pero obvió todas las demás a las que habló y de las que después no tuvo noticia, como yo mismo. En eso consistía precisamente la falta de exhaustividad, en no tener en cuenta todos los casos si no solo los favorables. Como no es consciente de todas las personas que no le han hecho ni caso, hace caso omiso y solo tiene en consideración los logros.

   El otro ejemplo es el de las profecías. Este en realidad se parece a uno que ya puse sobre las artes adivinatorias, pero quería concretar más con este tema. Con las profecías suceden dos cosas: una es que requieren de una interpretación previa, y la otra es que los acontecimientos profetizados no son concretos, y por lo tanto son susceptibles a ser escogidos a conveniencia post hoc o a posteriori. Por ejemplo, a raíz del fin del calendario maya en el 2012 (básicamente porque se les acabaron las palabras para seguir contando) mucha gente cree que sucederá algún acontecimiento global. Nadie hace una predicción más detallada (y si alguien la conoce por favor que la comparta con el resto del mundo). Lo único que puede sacarse en claro es que se predice que pasará algo y que será global, es decir, afectará al mundo o a mucha gente. Podemos jugar un poco con las reglas que ya conocemos. Por ejemplo, ¿es una afirmación  falsable? Yo diría que no lo es, porque la palabra acontecimiento puede incluir cualquier fenómeno meteorológico, astronómico, económico…, y de estos suceden todos los años. Y la palabra global tampoco deja claro de cuanta gente estamos hablando. Pero vayamos a la exhaustividad. Si sucediera algún desastre natural como un terremoto, un tsunami o un huracán, ¿se considerarían todos los otros años en los que han habido terremotos, tsunamis y huracanes? Si hay un nuevo atentado terrorista (ojalá que no) ¿se tendrían en cuenta el resto de atentados? Si el terremoto de Haití en lugar de haber sucedido este año, hubiese sucedido en 2012, ¿sería un prueba de que los mayas tenían razón? Intentar encajar los hechos con la predicción es deshonesto y además no tener en cuenta todos los casos responde a una falta evidente de exhaustividad. 

 

REPRODUCIBILIDAD

  Dejando finalmente el tema de la exhaustividad (que da para mucho) voy a exponer brevemente en que consiste la regla de la reproducibilidad. Si solo aportamos como prueba de una afirmación un solo caso positivo, podemos haber pasado por alto el efecto de un error en la medida o de la casualidad, que obre afortunadamente a nuestro favor. Para evitar esas circunstancias se deben repetir las observaciones o los experimentos varias veces. Si el resultado positivo era fruto de una variancia en el error o  de la casualidad, los resultados sucesivos eliminarán esa componente. Si el resultado positivo persiste, entonces la casualidad o el error no son una buena explicación y habrá que recurrir a alguna otra. Si lanzo una moneda al aire y acierto, ¿puedo confirmar mis poderes de predicción? Con un solo caso no es suficiente. Para eliminar la componente de la casualidad se deben repetir las tiradas varias veces. Si el resultado con un número grande de intentos es el esperado por azar, no pueden probarse mis poderes adivinatorios.

  Además la reproducibilidad tiene otra razón de ser, la de detectar los fraudes. Imagínate que alguien te asegure que, el otro día, consiguió mover un objeto con la mente, pero que no le ha vuelto a pasar ni puede repetirlo. ¿Cómo sabemos que dice la verdad? No podemos, pero lo que cabe preguntarse es, ¿nos arriesgaríamos a suponer una dudosa verdad como cierta con el peligro de poder estar aceptando algo falso? Un escéptico diría que no. Por maravilloso que sea que alguien haya podido mover algo con la mente, el testimonio de que sucediera no es una prueba lo suficientemente fuerte comparada con lo extraordinario de la afirmación. Como veremos en la regla de la suficiencia, en realidad el testimonio o el rumor no sirven como prueba en ningún caso. La facultad de mentir de las personas convierten a ese tipo de prueba en algo muy poco fiable. El ejemplo más sonado de falta de reproducibilidad es el de la fusión fría.

  El 23 de marzo de 1989, Stanley Pons y Martin Fleischman convocaron una rueda de prensa para anunciar al mundo que habían conseguido la fusión fría. Una reacción de fusión nuclear se produce cuando dos átomos se fusionan para formar uno más pesado, como ocurre dentro del Sol con el hidrógeno, en el que se forma helio. En el Sol se espera que ocurra una reacción de fusión por las condiciones altísimas de temperatura, pero poder generar la radiación de una fusión sin tener que llegar a tan altas temperaturas sería un hito en la ciencia. El hidrógeno es un elemento muy abundante en la Tierra y una central de fusión produciría más energía que una de fisión, y más barata. Os podéis imaginar la expectación que produjo el anuncio. Pero había un pequeño inconveniente. Resulta que ningún científico en ningún laboratorio del mundo pudo reproducir los resultados de Pons y Fleischman. Afortunadamente la ciencia es un método que está en revisión constante, y permite detectar y filtrar los fraudes con relativa facilidad.

En la siguiente entrada comentaré la última de las seis reglas: la suficiencia.

 

Entradas relacionadas:

  • Guía para un escéptico (I) 
  • Guía para un escéptico (II)
  • Guía para un escéptico (III) 
  • 2012. El fin del mundo llega… otra vez

     

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    #224

    One comment

    1. […] otro instituto independiente. Lo mismo sucede con el caso anterior. Ya escribí una entrada sobre la necesidad de la reproducibilidad y los fraudes en ese sentido. Valora esto: Compártelo:MásMe gusta:Me gustaSé el primero en […]

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