Guía para un escéptico (III)

  Esta es la tercera parte de mi serie de entradas dedicadas al pensamiento crítico y al escepticismo. En particular, resumo y amplío con ejemplos un conjunto de reglas básicas para detectar falacias o razonamientos incorrectos, que pueden servir para defenderse de afirmaciones sin fundamento propias, por ejemplo, de las pseudociencias. En general las reglas se utilizan no tanto para reconocer las afirmaciones como ciertas, si no para descartarlas como tales. Recuerdo que mantenerse escéptico significa no creer que algo es cierto a menos que las pruebas te obliguen. Por lo tanto las reglas sirven para descartar como buenas candidatas a ser ciertas cualquier afirmación con la que os topéis. Si supera las reglas, tampoco significa que sean ciertas, solo sirve para descartarlas. Para conocer más sobre este tema podéis leer las entradas anteriores con los enlaces de más arriba.

  Recuerdo también que estas reglas han sido extraídas de un articulo del Skeptical Inquirer en 1990 escrito por James W. Lett  Hasta ahora he comentado dos de las seis reglas: la falsabilidad y la lógica. En esta entrada incluiré dos a la vez, ya que están algo relacionadas entre si. Éstas son la exhaustividad y la honestidad

 

EXHAUSTIVIDAD Y HONESTIDAD

  La regla de la exhaustividad se basa en lo siguiente: Para defender una afirmación, se debe aportar toda la evidencia existente, no solo la que apunta a favor del argumento. Si los científicos no fuesen exhaustivos en sus experimentos, teniendo en cuenta solo los casos favorables a una hipótesis, perderían la oportunidad de reconocer los errores en la teoría o de descubrir una nueva mejor que la anterior. Si haces un experimento y esperas un resultado, son tan importantes o más los resultados no esperados como los esperados.

  A veces me cuesta poner ejemplos para cada una de las reglas, con cosas que a uno le hayan pasado o con afirmaciones con las que cualquiera se pueda topar con relativa frecuencia. Desde que conozco estas reglas, cuando me encuentro con alguna afirmación sospechosa de ser cierta intento usarlas a modo de ejercicio, y siempre me resultan más evidentes de reconocer los errores relacionados con la falta de exhaustividad que por algún otro motivo.  La razón por la que creo que es así es que basta con preguntarse: ¿se están teniendo en cuenta todos los casos? Es sorprendente la cantidad de argumentos que se pueden ir al traste solo con esa pregunta.

  Como siempre, estas reglas se ven mejor si se usan en algún ejemplo. Quiero empezar hablando de la futurología, y de las artes adivinatorias en general. Existen muchas personas que al parecer son capaces de saber lo que va a pasar en el futuro. Esto en principio no es algo ni nuevo ni alarmante. La ciencia lleva mucho tiempo haciendo predicciones. De hecho en eso consiste el trabajo de una teoría. Si no es capaz de predecir el resultado de un experimento, entonces no sirve para nada. Ya se han predicho eclipses, las apariciones de cometas, de partículas elementales, etc. Por lo tanto, predecir cosas es posible, y además es muy útil. La gran diferencia entre la futurología y cualquier disciplina científica está en el método, y existen tantos en las pseudociencias y el oscurantismo casi como personas que practican esas disciplinas: tarot, astrología, péndulos mágicos, numerología, quiromancia (lectura de las líneas de las manos), la bola de cristal, cafeomancia (lectura de los posos del café), ceromancia (interpretación de la cera de una vela al caer en agua), alomancia (sal), astragalomancia (dados), geomancia (puñado de tierra), crisomancia (cebolla) aeromancia (fenómenos atmosféricos), cleromancia (echar al aire y ver como caen huesos o habas),… y la lista continúa. Volviendo al tema de la exhaustividad, a menudo los adivinos no son exhaustivos cuando aportan como prueba de sus capacidades los aciertos que hayan podido tener. Es decir, deben tener en cuenta todos los casos, tanto los aciertos como los fallos. Habría que mirar cuantas afirmaciones pueden llegar a hacer a lo largo del día que no se cumplen, y cuantas sí se cumplen. Si de verdad tuvieran la capacidad de predecir el futuro, entonces el numero de aciertos debería ser (en términos estadísticos) significativamente más alto que el de fallos. Se necesitarían un número grande de predicciones para que la prueba fuese válida. Por ejemplo, puedes tener la suerte de lanzar una moneda al aire y acertar a la primera si sale cara o cruz. Si luego no tiras más veces podrías decir que acertaste el 100% de las predicciones que has hecho. Con una sola predicción acertada en un solo intento no sería suficiente.

  Si el resultado es lo que se esperaría por puro azar, entonces no hay motivos para pensar en la utilidad de los métodos antes mencionados. En general se recuerdan más los aciertos que los fallos, y el interés por parte del adivino de que así sea es evidente. Un adivino puede hacerse muy popular con una sola predicción acertada, pero es simplemente ignorado por las decenas de predicciones no acertadas.

   Ahora me voy a salir un poco del tema para escribir sobre los milagros. Primero, podemos definir un milagro como algo que sucede pero que era muy improbable que sucediera. Ahora, lo lógico es pensar como sabemos que algo es probable o no para saber si lo consideramos milagro o no. Se puede coger un papel y un bolígrafo y hacer un cálculo de probabilidades, pero me da a mi que cuando algo nos parece milagroso no es precisamente por que lo hayamos calculado y nos haya salido una probabilidad muy pequeña en el papel. En realidad, podríamos decir que sí hacemos un cálculo, pero es puramente intuitivo. Hay cosas que nos pueden parecer muy improbables, es decir podemos tener la sensación de que lo son, aunque no las hayamos calculado. Entonces lo que cabe preguntarse es: ¿podemos fiarnos de nuestra intuición? Bueno, yo por lo menos no me fio demasiado de la intuición. Si fuera por ella, pensaríamos que la Tierra es plana y el Sol gira a su alrededor. La intuición es un resultado de nuestra experiencia. Recogemos todos los casos y hacemos un estudio estadístico “de estar por casa” de la frecuencia con la que las cosas se repiten y de las cosas que no pasan nunca, y llegamos a la conclusión de que hay cosas muy probables y cosas casi imposibles. Y pensareis ¿qué tienen que ver los milagros con la exhaustividad? La razón por la que he querido hablar de milagros es que la falta de exhaustividad creo que es algo que propicia un cálculo de probabilidades intuitivo incorrecto, y que puede conducir a un resultado milagroso. Por ejemplo, a muchos nos ha pasado que pensamos o soñamos con alguien y luego nos encontramos a esa persona o nos llama por teléfono. Nos puede parecer algo milagroso si no tenemos en cuenta la cantidad de personas en las que pensamos cada día. Si hiciéramos el cálculo, veríamos que lo raro es no encontrarse con alguna de esas personas y que coincida en el tiempo con el sueño o el pensamiento tarde o temprano. La falta de exhaustividad puede conducir a una sensación de milagro.

  Otro ejemplo: muchas personas que se encuentran enfermas hacen un viaje de peregrinaje hasta Lourdes (en donde parece ser que se apareció la Virgen) para ser curados milagrosamente. De hecho 67 personas han sido curadas milagrosamente. Entonces, ¿eso significa que funciona? Bueno, me remito a lo que he escrito antes. Primero, todo depende de la forma de calcular el milagro, si con papel y lápiz o intuitivamente. Alguien con una enfermedad incurable es alguien al que los médicos no saben tratar, en la época que sea. Se considera milagro si alguien se cura en ese caso. Para saber si esas curaciones son milagrosas habría que estudiar a fondo la enfermedad en cuestión y la causa de la mejora. Algo curioso es que las curaciones nunca consisten en alguien al que le haya crecido un brazo amputado: ¡eso sí sería un milagro! En segundo lugar, veamos que tiene que decir la exhaustividad al respecto. Cada año viajan a Lourdes 6 millones de personas, y lo llevan haciendo desde la primera aparición en 1858. En estos más de 200 años han pasado por allí más de 200 millones de personas (tirando muy por lo bajo, suponiendo que no fuesen 6 millones por año desde el principio), de los cuales 67 son considerados milagros por la iglesia, bajo sus propias bases. Esa cantidad frente a los no curados milagrosamente es estadísticamente insignificante. Los 67 casos no son suficientes para concluir que en Lourdes sucedan milagros.

  El caso de los adivinos y los milagros son una parte de todos los ámbitos en los que detecto falta de exhaustividad. Por ejemplo, también en la política sucede que los que defienden a un partido político en particular destacan efusivamente los errores de la oposición y los méritos propios, pero obvian al máximo posible los méritos ajenos o los errores del propio partido. Esta claro que como táctica política la exhaustividad no es una buena alternativa, pero creo que es importante reconocer que no existe tal exhaustividad en las afirmaciones y los juicios que se hacen entre partidos. Lo mismo es aplicable, por ejemplo, en el deporte En cualquier caso es un error ser selectivo con los éxitos o fracasos para probar una afirmación. 

  La honestidad está ligada a la exhaustividad. Para tener en cuenta tanto los hechos favorables como los desfavorables hay que ser honesto. Aunque la evidencia no apoye lo que quieres probar, se debe aceptar honestamente y sin autoengaño que la creencia era falsa.

En entradas siguientes comentaré el resto de reglas: reproducibilidad y suficiencia.

Referenciashttp://www.tarotistas.eu/adivinacion/diccionario-de-las-artes-adivinatorias/

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