Guía para un escéptico (I)

 

  El escepticismo es algo fundamental en la ciencia. Bueno, no sólo en la ciencia, sino en cualquier aspecto de la vida en el que se quiera buscar la verdad, o mejor dicho, en el que se quiera descartar lo falso. Indudablemente es imprescindible en la ciencia en particular, porque su objetivo es saber cómo funciona la naturaleza, y explicarlo puede resultar complicado, pero al menos se pueden evitar cometer algunos errores o falacias. De momento, la ciencia es el mejor método que tenemos para conocer el mundo, aunque nadie dice que sea perfecto. Pero es lo mejor que hay, y de hecho no funciona muy mal después de todo. Ya veis, casi todo lo que nos rodea es un producto de la ciencia.

  Volviendo al escepticismo, mucha gente cree que consiste en no creer sistemáticamente en nada. ¡Los científicos no creen en nada!, dicen algunos. Nada más lejos de la realidad. Un escéptico puede creer en cosas si tiene suficientes motivos para hacerlo. Y esos “motivos” son lo que llamamos pruebas. En última instancia, lo que determina las creencias de un escéptico son los hechos y las pruebas. No confundir con las creencias irracionales, que se basan en actos de fe. En estas últimas, las pruebas importan bien poco. Si tengo la convicción de que algo es cierto, lo será para mí. Claro, el inconveniente de las creencias irracionales es que hay muchas personas en el mundo, y se supone que una sola verdad. Al menos en ciertos aspectos del conocimiento sólo puede haber una verdad. Y éstas personas a menudo no coinciden en sus afirmaciones, entonces, ¿quién tiene razón?, ¿todos o ninguno? Pensareis que la respuesta de un creyente es “todos”, y estaría de acuerdo con vosotros en que contestarían eso. Quizás penséis que la respuesta de un escéptico sería “ninguno”, pero en este caso no estaría de acuerdo con vosotros. La respuesta de un escéptico debería ser un rotundo “no lo se”, o como mucho un “probablemente no” o “probablemente sí”. Cuando no se tienen suficientes pruebas para afirmar algo, la respuesta lógica es un “no tengo ni idea”. Por ejemplo, ante un avistamiento OVNI, la respuesta para algunos es ‘evidencia de vida extraterrestre’ en lugar de ‘no tengo ni idea de que era esa luz del cielo’. Ante un ruido extraño en una casa, la respuesta para algunos es ‘existencia de vida en el más allá’ en lugar de ‘no tengo ni idea de lo que era ese ruido’. En definitiva, es mucho más prudente reconocer tu propia ignorancia que hacer afirmaciones sin fundamento.

  En esta entrada y en las siguientes voy a dar una serie de trucos o pautas para poder razonar de forma escéptica ante las afirmaciones que os puedan hacer. Más concretamente, se trata de ser crítico con un cierto razonamiento, con el fin de saber si tiene alguna posibilidad de ser cierto, o directamente podemos enviarlo al cajón de las falacias o de las afirmaciones no científicas. Estas reglas no me las he inventado yo. Han estado extraídas de un artículo del Skeptical Inquirer en 1990 por James W. Lett. No voy a copiar íntegramente el artículo, sólo sus seis reglas para el pensamiento escéptico. Resulta curioso el truco nemotécnico inventado por el autor para recordar esas reglas: la palabra FILCHERS. Las consonantes de esa palabra son las iniciales de las reglas: falsabilidad, lógica, exhaustividad (comprehensiveness en inglés), honestidad, reproducibilidad y suficiencia. Lo curioso está en que filcher en inglés significa ladrón, y a menudo esas afirmaciones sin fundamento que comentábamos las utilizan los pseudocientíficos, para sencillamente timar (o robar) engañando a la gente. Más adelante ya escribiré sobre las pseudociencias en un serie de entradas que titularé “Las pseudociencias tienen razones que la razón no entiende”. Pero de momento os presento alguna de las reglas de “la guía para el pensamiento escéptico”.

FALSABILIDAD

  Una afirmación cierta ha de ser necesariamente falsable. Esto es, que debe concebirse la forma de demostrar que es falsa, en caso de que lo sea. Basta con imaginarse las pruebas o el experimento. Si eso es posible, entonces es falsable.

  Pensemos en una afirmación que sea falsable. Si se diseña el experimento o se reúnen las pruebas que demostrarían eventualmente que es falsa, y esos hechos no la contradicen, entonces la podemos considerar cierta, al menos de momento (hasta que nuevas pruebas la contradigan). Si resulta que es falsa, las pruebas que hemos reunido nos lo dirán. Así funciona la ciencia, se plantean teorías que explican los hechos, pero que pueden ser falsas. Los científicos sólo las usan provisionalmente, y deben estar abiertos a la posibilidad de modificarlas para explicar las nuevas pruebas que van surgiendo, o cambiar una teoría por otra mejor.

  Ahora pensemos en una afirmación que sea no falsable. Si no puede demostrarse que es falsa en caso de que lo fuera, entonces aunque suene paradójico, esa afirmación nunca podrá ser considerada como cierta. Esa afirmación estaría por encima de las pruebas, ya que nunca podría negarse en caso de ser falsa. Eso tampoco prueba que sea cierta. En realidad la afirmación no significa nada, está vacía de contenido.

  Con ejemplos estas reglas siempre se entienden mejor. Empecemos con afirmaciones falsables. Por ejemplo, “la gente vive menos de 200 años”. Todavía no se tiene constancia de nadie que haya vivido más de 200 años, pero quien sabe. El caso no es que pueda o no pueda pasar. Por lo que sabemos, nadie vive tanto así que podemos suponer como cierta, de momento, la afirmación de que la gente vive menos de 200 años. Podemos pensar en la prueba que demostraría que esa afirmación es falsa. En efecto, si encontráramos a alguien que ha llegado a los 200 años eso sería la prueba evidente. Otro ejemplo: la diversidad de vida en la tierra es el resultado de una evolución como la que plantea el darwinismo. Dicho de otra forma: “el darwinismo es cierto”. La afirmación es falsable, puesto que cualquier prueba, por ejemplo un fósil, que no pueda explicarse con la teoría, la derrumbaría por completo. Eso aún no ha sucedido, y de momento es capaz de explicar toda la diversidad de vida en la tierra, y lo que es más importante que otras teorías no pueden, también explica la complejidad de las formas de vida. Lo importante de las afirmaciones falsables es que necesitan a las pruebas para ser negadas o consideradas temporalmente como ciertas.

  Ahora pensemos en algunos ejemplos de afirmación no falsable. Hay de dos tipos. Unas son las no declaradas, que consisten en afirmaciones demasiado genéricas o vagas, de forma que están vacías de contenido y no acaban significando nada, por ejemplo, como las que se encuentran en los horóscopos. “Abril será un mes lleno de cambios para Piscis”, es una afirmación no falsable, porque no puedes concebir el hecho que probaría la falsedad de la afirmación. Esto se debe a que en el fondo no se esta afirmando nada. En el caso de los adivinos o los que dicen tener poderes precognitivos sucede lo mismo, hacen afirmaciones que no son muy detalladas que digamos, de forma que no puedes pensar en los hechos que demuestren que son falsas. Además, en estos casos, aunque pudieras pensar en las evidencias que podrían contradecirlas, siempre se podrían interpretar de forma que sea coherente con ellas. Otro ejemplo: en las terapias alternativas a menudo se habla de cosas como “restablecer el equilibrio de la energía espiritual” y cosas por este estilo. ¿Qué significa que mi energía esté desequilibrada? ¿Existe algún medidor de equilibrio? y si es así ¿Cómo funciona? Lo habitual es que estas preguntas no tengan respuesta. Lo más importante, que tiene que ver con la falsabilidad y con la importancia de las pruebas, sería preguntarse ¿Cómo puedo saber realmente si después de la terapia mi energía está equilibrada o no? La respuesta es que no puedes negar que lo esté, porque la afirmación no es falsable. Pero tampoco tienes pruebas de que lo esté, en definitiva, es absurdo perder el tiempo preguntándotelo.

  El otro tipo de afirmaciones no falsables son las de solución múltiple. En este otro tipo, cualquier prueba que pudiera negar la afirmación en caso de que sea falsa, se respalda con otra nueva afirmación, y así sucesivamente. Estos casos a mi personalmente me ponen muy nervioso. Por ejemplo, los creacionistas (los que creen que el universo fue creado tal y como está escrito en la biblia) dicen que el universo tiene menos de unos cuantos miles de años. En realidad esta afirmación es falsable, porque si encontramos algo de más edad, o que evidencie la existencia del universo antes de esos miles de años, se probaría que la afirmación es falsa. De hecho, la luz que llega de las estrellas fue emitida hace miles de millones de años. Aquí es donde aparece la afirmación no falsable: ”la luz no se empezó a emitir de las estrellas en el momento de la creación, si no que Dios ya creo esa luz viajando hacia la tierra en ese momento”. No puede pensarse en nada que niegue eso si fuese falso. Las afirmaciones de solución múltiple son como una colección de excusas, hasta llegar a las que no son falsables. Si un curandero o un médium no puede usar sus poderes es porque le llegan malas “vibraciones”, por ejemplo. En definitiva, como dice el autor del artículo: Si sale cara gano yo, si sale cruz pierdes tú.

  Hay una que no sabría como clasificar (supongo que sería no declarada) que me parece quizás el ejemplo más claro de afirmación no falsable: “Dios existe”. Es imposible imaginarse la forma de demostrar que es falsa. Simplemente no se puede, por la naturaleza de la propia afirmación. Pero tampoco se demuestra lo contrario, sencillamente no se puede hacer nada con esa afirmación, está vacía de significado. Ni puede negarse ni puede suponerse cierta, ya que no podemos pensar en las pruebas que la contradirían y no existen pruebas a favor. Para que una afirmación sea cierta recordemos que ha de ser falsable, es decir, es siempre posible imaginarse los hechos que demostrarían que es falsa. De aquí se extrae, una vez más, la importancia que tienen las pruebas a la hora de hacer alguna proposición. Afirmar que dios existe sin aportar pruebas y sin que pueda ser negado no se diferencia en absoluto con afirmar cualquier otra cosa con las mismas características de falta de pruebas y no falsabilidad. Por eso la afirmación “Dios existe” no es científica en absoluto. Os aconsejo que busquéis el ejemplo del “Dragón en el garaje de Carl Sagan, que no escribo aquí para no alargar más la entrada.

  En las siguientes entradas seguiré describiendo cada una de las reglas.

2 comentarios

  1. Sergio Silva · · Responder

    muy bueno el post, gracias
    alguna recomendacion de un libro, documental o articulo?

    1. Gracias a ti por comentar. Existen muchos otros blogs dedicados exclusivamente a estos temas, así que visitar cualquiera es una buena recomendación. También buscando documentales de Rcihard Dawkins, Sam Harris o Michael Shermer en los que hablen del funcionamiento de la cienca, y por supuesto a Carl Sagan y su libro ‘El mundoy sus demonios’: imprescindible.

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