El ‘anitestupideces’

  Imaginad por un momento que salgo a la calle a recoger firmas para una iniciativa. Imaginad que le pregunto a la gente si estarían de acuerdo en celebrar (a partir de un cierto momento y ya para siempre, por ejemplo cada año o cada mes) una festividad en la que se vendiera en la calle material explosivo, como pólvora por ejemplo, y que lo pudieran comprar incluso los niños para hacerlo explotar en la calle. Si no existiera San Juan, no creo que me firmara mucha gente. ¿Y si les propusiera celebrar otra fiesta en la que se hiciera sufrir a un animal, o incluso matarlo?, dudo mucho que hoy día mucha gente lo apoyara…a no ser, claro, que eso sea una tradición. Ah!, entonces vale todo supongo. Es increíble el valor que se le puede dar a algo como lo mencionado antes por el hecho de que se lleve haciendo desde hace tanto que la gente ni lo sepa.

  Aunque he estado reflexionando sobre esto, y si se piensa no es tan increíble que esto suceda. Yo creo que todos, algunos quizá más que otros, nos vemos afectados por lo tradicional desde que somos pequeños. Lo que pasa es que para un niño pequeño que llegue San Juan en verano es igual de tradicional que la Navidad en invierno o que la comida a las dos de la tarde. Cuando algo siempre ha sido igual durante toda tu vida aprendes que las cosas son así por que sí, por tradición, y ya está. No hay que darle más vueltas. Se lleva haciendo toda la vida así que debe estar bien hacerlo.

  En un caso un poco extremista que he llegado a oír, en el programa de Jordi Évole ‘Salvados por los toros’, como una señora decía que los toros estaban para eso, para que los mataran. Ya se ve que es exagerado, pero en el fondo se ve ese antropocentrismo que nos caracteriza muchas veces al ser humano, el que nos hace pensar que todo lo que nos rodea esta a nuestra disposición y es nuestro, que si queremos algo de la naturaleza lo cogemos y si queremos dejar algo en ella pues lo dejamos, y si decidimos matar animales por diversión pues lo haremos, porque el mundo gira a nuestro alrededor y todo está para nuestro disfrute.

  Centrándonos un poco en los toros, hay tres argumentos que suelen ser los que se utilizan para defender esa tradición:

  1. Simplemente, porque es tradición. Como he dicho antes, a algo por el hecho de que se lleve haciendo mucho tiempo se le da un valor añadido suficiente como para perpetuarlo aún más en el tiempo. Es fácil imaginarse al muchacho que asegura que su vida es el toreo, que sus hermanos se han dedicado a ello, que su padre estaba en el mundo de los toros, y quizá hasta su abuelo. Que siempre que puede va a ver una corrida y ya practica con vaquillas. Para ese muchacho los toros es una tradición no solo para él, sino para España enterita, porque cuando menos te lo esperas nos presentan en Eurovisión como un hombre haciendo de toro y otro toreándole. Es algo que es así y punto, para ese muchacho esa tradición es algo que le pertenece a él, que le pertenece a España y que no se puede cambiar.
  2. El toreo es como una danza, es una arte. Conozco formas de expresarse artísticamente mucho más inofensivas tanto para el toro como para cualquiera que se ponga delante y pueda acabar mal. La mejor forma de bailar es apuntarse a una escuela o a un programa de la tele, que así de paso hasta te haces famoso. Ah! pero me dejaba algo, ¿qué sería esa maravillosa danza que es el toreo si no fuera porque en cualquier momento el toro puede herir al torero o el torero al toro? En cualquier caso alguno de los dos va a acabar mal, y en el mejor de los casos para los presentes hasta se puede ver algo de sangre. Es sí es arte, y la gente lo va a ver por lo artístico que resulta ver sufrir a un toro…o a un torero.
  3. También se matan toros en los mataderos y la gente no se queja. Otro clásico. La diferencia que hay en las dos muertes del toro en parte da título a esta entrada. Para empezar voy a definir lo que entiendo por estupidez. Si decides hacer algo que no afecte en absoluto a absolutamente nada que te rodee que consideres que sea importante, o que afecte negativamente a algo que sí consideres importante, hacerlo será una estupidez. Por ejemplo, si ahora dejase de escribir para dar vueltas por el suelo como una croqueta sería estúpido, porque lo único que cambiaría del universo sería que me estoy cansando o que estoy moviendo un poco el aire que tengo alrededor. Si alguna de esas dos cosas las considerase importantes, para mi ya no seria estúpido. Quizás casándome crea que puedo perder peso, por ejemplo. Si además hiciera algo que me afectase negativamente en alguna cosa que considerase importante, como mi salud, también lo catalogaría como estúpido. Pero este último caso no suele darse a no ser que se tenga cierto retraso mental. En general nadie hace estupideces desde el propio punto de vista del que las hace. En el caso de los toreros o los amantes del toreo en general, está claro que la vida del toro no vale nada. Y la gran diferencia entre matarlo para comer o para divertirse es que comer sí es una cosa que yo considero importante, tanto que la necesito para vivir, así que no considero estúpido que se mate a un toro para alimentar a quien quiera sobrevivir. Los toreros no creen que hagan nada estúpido, hacen algo importante: prolongar una tradición, dejar patente ante un numeroso público su valentía, dominar el arte de marear a un toro y matarlo luego. Eso no lo puede hacer cualquiera y eso es importante. Por lo visto para ellos más que la vida del animal.

  Justificando un poco el título de la entrada, yo me describo no como antitaurino, o ‘antisanjuan’, yo mas bien me definiría en general como un antiestupideces, y aquí viene mi máxima: "Me da igual si una estupidez se lleva haciendo desde hace un día o desde hace millones de años, una estupidez es una estupidez" Y matar toros en una plaza, se lleve haciendo el tiempo que sea, para mi es una estupidez. Como también lo es ser buena persona en Navidad cuando deberías serlo todo el año, o demostrar con regalos que estás enamorado de tu pareja en San Valentín, o hacer regalos en cierto eventos cuando puedes hacerlo cualquier día del año, o no hacerlo si lo deseas. Porque que se lleve haciendo desde siempre, si es estúpido, no importa, puedes dejar de hacerlo si lo deseas.

  Llegados a este punto, lo que diferencia a una persona de otra en estos temas es qué se considera una estupidez y qué no. Si volvemos a mi definición de estupidez, hablo de lo que es importante. Ése es el pequeño factor que aporta toda la subjetividad a la palabra, y que hace que sea diferente según la persona. Si voy por la calle y veo un hormiguero no lo romperé, porque suponiendo que para mí la vida de las hormigas fuese importante, según la definición de antes, al afectarles negativamente, sería una estupidez. Y si la vida de las hormigas no fuera importante, también sería estúpido, porque no estaría cambiando nada de lo que considero importante, que sea lo que sea no incluye a las hormigas. En éste último caso, si creo que una acción mía va afectar negativamente a algo que no me importa, elegiré no hacerla, porque aunque no me importe, entre cambiar algo del universo o no cambiarlo si creo que lo que hago no afecta a algo importante para mí, creo que es mas lógico simplemente no hacer nada. Por eso la gente no va por la calle haciendo la croqueta.

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